Niños a los dos años. ¿Cómo enfrentar esta etapa?

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Esta publicación fue originalmente escrita para el artículo en colaboración con Papá Chancleta y su iniciativa Dos Blogueros dicen.

Ser padres no suele ser fácil, pero cuando nuestros hijos llegan a los dos años y hacen su debut las rabietas, solemos cuestionarnos en que lío nos hemos metido. Se nos hace cuesta arriba, perdemos la paciencia fácilmente y sobretodo, nos avergonzamos si nos toca vivir un episodio de estos con público, sea con familia o extraños, porque nos sentimos juzgados y queremos demostrar a como de lugar que tenemos el control de la situación. En estos momentos, lo que únicamente debería importarnos es como lidiamos con el momento sin herir a nuestros hijos, como sacamos adelante el mal rato sin perder los papeles. El resto del mundo, lo que piensen, lo que digan, debería tenernos sin cuidado. Aprendamos a blindarnos de ojos y comentarios poco oportunos.

Creo, en primer lugar, que es INDISPENSABLE un cambio de chip, borrar todo lo que nos han dicho o hemos escuchado, eliminar de nuestro léxico palabras y frases como “los terribles dos”, “rabietas”, “berrinches”, y prepararnos (léase leer mucho y de fuentes respetuosas) para la llegada de este momento, que un poco antes o un poco después, llega. Hablemos mejor de “desbordes emocionales”, porque justamente son lo que son, nuestros niños que han llegado a un nivel máximo de estrés, y que neurológicamente no son capaces de manejarlo aún y simplemente sus emociones salen a flote como un caudaloso río. No lo hacen a propósito, es un signo positivo (aunque a los papás nos complique) de que están creciendo saludablemente. Alguna vez leí que el niño que no hace rabietas es el niño al que le han machacado tanto, tanto que no hacer, que simplemente se retrae y aprende a no expresarse, y reprimirse a tan temprana edad puede ser la base de una baja autoestima.

En segundo lugar y muy importante, debemos recordar que los adultos somos NOSOTROS. Los “desbordes emocionales” son normales y debemos reaccionar a ellos como adultos, con cabeza fría, con empatía, encausando esa emoción y poniéndole nombre a lo que sienten. No te sumes a su caos, aporta tú la calma. Tú eres el adulto, tú educas con tu ejemplo.

Tercero, tenemos que aprender a conocer a nuestros hijos y evitar los “detonantes” de estos episodios como sueño, hambre, sed, miedo, calor, frío o sobreestimulación. Observa a tu hijo y con el tiempo evitarás caer en las situaciones que generan una explosión emocional. La estrategia de distraer muy rápidamente cuando ocurren con otro objeto, situación, o ambiente, suele funcionar.

Cuarto. Si ya llegó el desborde, vívelo con empatía y respeto, cuida que no se haga daño, usa la menor cantidad de palabras que solo lo ofuscan más, conten con tu cuerpo abrazándolo si se deja, llévalo lejos de la vista de otras personas y espera que pase. A veces no querrá tus brazos, hazle saber que estás a su lado cuando te necesite. Y sobretodo, mantén la calma.

Lo peor que puede pasar cuando tu hijo tiene un “desborde emocional”, es que tú montes un “berrinche” a la par. Repite conmigo, “el adulto soy yo”, “el neurológicamente maduro soy yo”, “el que debe enseñar a mi hijo a autorregularse con el tiempo, con respeto pero sobretodo con MI EJEMPLO soy yo”. Lo lograrás, algunas veces sí, muchas otras no, pero es una de las obligaciones que criar hijos saludables y felices implica. Con fe, vamos con fe.

Si quieres abarcar un poco más de este tema, en este enlace: La aDOSlescencia: edad de desafíos, podrás ver una de mis publicaciones al repecto en el blog.

Cariños y feliz crianza,

Macarena

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2 comentarios en “Niños a los dos años. ¿Cómo enfrentar esta etapa?

  1. Leer esto hoy me cayo como anillo al dedo, vengo con unos días encima de stres y cansancio, que me hacen sentir mala madre, las hormonas naturales por el pereodo, que nos ponen a algunas más que a otras, melodramáticas, no ayuda. Gracias Maca por compartir. Te quiero.
    El adulto soy yo!

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    • Me encanta saber que te haya sido de utilidad. La razob de escribir y compartir es precisamente esa, la de llegar y dar una mano a otra mamá que como yo, trata de hacer siempre su mayor esfuerzo. El pare, piense y actúe va muy bien también al ser mamá. Te quiero también!

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