Criar para la paz

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Cada vez que veo o escucho noticias, no dejo de cuestionarme por el mundo tan caótico que nos toca vivir y peor aún, el que le tocará a mi hijo cuando ya vuele con alas propias, lejos de nuestra parcial protección.

Perú está convulsionado estos días, preparando una marcha contra la violencia a la mujer y la discriminación de género. Lo viví en Chile también, en donde cada día se cuentan los feminicidios que van en el año. Ecuador, mi otra referencia cercana, no se queda atrás.

La violencia contra la mujer, física, verbal, psicológica existe y está muy extendida. La sociedad muchas veces se hace de la vista gorda y la justicia, cuando los casos al fin se denuncian, defrauda aún más con decisiones manipuladas. Sin decir además de miles y miles de mujeres que temen o les avergüenza denunciar y otras tantas que tapan abusos, que los maquillan. “Si realmente quisieras a mi hijo aguantarías más”, fue lo que le dijeron a alguien a quien conozco. Y si, ese comentario vino de otra mujer. Y no, ella no aguantó más. Su instinto de supervivencia le ayudó a salir de esa relación, aunque no tuvo la valentía de denunciarlo.

Pero vayamos un poco más allá. No es la violencia contra la mujer el problema, es la violencia en general. Nuestro mundo es extremadamente violento. Y, lastimosamente, somos los padres quienes no sabemos detectarla o detenerla en casa o que la propiciamos escudándonos en que estamos “educando” a nuestros hijos para ser personas de bien. Los hijos repiten lo que ven.

Cada vez que alguien comparte y celebra un meme que normaliza la violencia con los hijos, llámese clancletazo, chirlo, bofetada, nalgada o cualquier tipo de agresión, es cómplice de la realidad de nuestro mundo.

Cada vez que no nos detenemos antes de emitir una opinión en redes sociales, y lanzamos comentarios hirientes y agresivos que generan respuestas en el mismo estilo, somos cómplices de la violencia.

Cada vez que en casa hacemos diferencias entre los miembros de la familia, existiendo responsabilidades o prohibiciones dependientes del género, somos cómplices de fomentar el machismo, lastimosamente muchas veces un potenciador de la violencia contra el otro genero.

Cada vez que manejamos un auto irresponsablemente, metemos el carro encima porque el nuestro es más grande, obligamos a correr por su vida al peatón que cruza en preferencia, escapamos de quemar la bocina del auto por tocarla sin ton ni son, estamos generando violencia.

Cada vez que nos colamos en una fila preferecial sin que nos corresponda y aún más, le sacamos en cara a una madre que lleva a sus hijos para pasar más rápido, nos convertimos en promotores de la violencia.

Cada vez que ridiculizamos a nuestros hijos, nos burlamos de sus errores, les gritamos, peor aún los golpeamos, estamos gatillando la violencia en sus vidas y lo más seguro es que la propagarán en su descendencia y parejas y lo verán con normalidad.

Cada vez que sabiendo que nuestro hijo molesta a un compañero, lo ignora o participa de actitudes grupales hostiles, no hacemos algo por remediarlo, estamos siendo cómplices de la violencia.

La violencia sólo genera violencia. Protestar violentamente contra la violencia, sólo generará más violencia. El libro El Secreto nos dice claramente que el Universo atrae lo que pedimos y no es capaz de entender el “no”, el “contra”, el “sin” que antecede a la palabra que justamente buscamos evitar. Un contra la violencia, es solamente violencia, un no al machismo es simplemente machismo. Terminamos llamando lo que estamos en desacuerdo. Hay que cambiar nuestros discursos y aprender a pedir en positivo, por lo que queremos. Salir a una marcha de Todos juntos por la paz y por el respeto. La palabra decreta.

Cada vez que tenemos un hijo, se nos entrega una gran responsabilidad. Un lienzo en blanco en el que trabajar y de nuestra sabiduría para combinar colores y usar la técnica apropiada dependerá la obra que obtengamos. Si criamos a nuestro hijos respetando sus tiempos, sus deseos (todo obviamente dentro de límites establecidos), su individualidad, aprenderán que deben respetar y ser respetados.

Tenemos un arma poderosa en nuestras manos, criemos para la paz, con respeto y con amor.

 

Cariños,

Macarena

 

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2 comentarios en “Criar para la paz

  1. DESDE EL PUBTO DE VISTA DEPENDE DE LA MANERA FORMA COMO CRIA UNA MADRE AL HIJO HOMBRE ESE ES EL PUNTO LO DIGO CON EXPERIENCIA YA QUE MUY POCO TIEMPO ATRAS LAS MADRES LEDECIAN AL HIJO QUE AHORA CARGAS AL HIJO POR QUE ESO LE CORRESPONDE A TU MUJER SEGURO QUE YA COCINAS QUE SEGURO TU ERES EL QUE BARRE LA CASA EN MI PROPIA CARA LE HACIA ESTOS COMENTARIOS

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    • A los dos generos apreciada Gloria, hay que criar a los dos generos por igual, con respeto, sin diferencias, con las mismas obligaciones. Siendo respetados, aprenderán a respetar. Siendo respetados, nunca aceptarán ser violentados. Gracias por compartir!

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